Quedarme horas mirando una pared, sólo pensando en nada, sentir que todo gira en una especie de confusión... Mi contexto se esfuma, y sola quedo en esa habitación, con mis ojos fijos en el ayer, esperando que alguien me sacuda y me despierte.
Qué extraña sensación, como si mi cuerpo y mi alma se hubieran separado, y mi cuerpo caminara muerto por ahí... Sin rumbo y sin sentido. ¿Qué pensaría el mundo de mi entonces? Nada, pues, el mundo ya no piensa, tal vez sólo me esquivaría para no tropezarse conmigo.
Sólo pude distinguir miradas encontradas y confusas, como si hubiera OTROS que también padeciesen mi mismo mal.
De repente, ya no me sentí tan sola, en el desosiego pude encontrar algo, una especie de desahogo que se volvió incontenible. Ahora mi alma, que volaba a miles de kilómetros, volvió a micuerpo en un segundo, despertando del trance.
Era el momento en que el mundo no me esquivaría más, ni a mí ni a los OTROS, era momento que el mundo oyera nuestro SILENCIO.
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